Desarrollo de marca para un restaurante & beach club mejor conocido como 'El Ultimo Maya' en el kilometro 12.5 de la Zona Hotelera de Tulum.
El Último Maya ya existía como restaurante y club de playa en Tulum, pero su marca había nacido de forma empírica: varios identificadores inconexos, ilustraciones saturadas y tipografías genéricas que diluían el mensaje y lo dejaban en la informalidad. El nombre cargaba una mística enorme, pero nada en lo visual le hacía justicia.
El reto era unificar todo bajo una sola voz estratégica y construir una personalidad con doble fuerza: por un lado, el misticismo histórico —algo ancestral, sagrado, con la dignidad de una presencia divina—; por el otro, la hospitalidad premium de un destino frente al mar caribeño. La marca tenía que sentirse exclusiva y sofisticada, a la altura de los estándares internacionales de hospitalidad de la región, sin caer nunca en el cliché turístico ni en lo souvenir. En pocas palabras: pasar de lo informal a un santuario contemporáneo donde la selva y el Caribe se encuentran con el último gran mito de la creación.
El rebranding no buscó borrar el pasado, sino desenterrar su verdadero potencial. Al analizar la identidad anterior descubrimos que el núcleo de su mística ya vivía en la silueta de perfil de una deidad prehispánica. Ese trazo inicial —el boceto a mano alzada sobre papel cuadriculado— fue el punto de partida que detonó la búsqueda iconográfica.
El objetivo era claro: reemplazar la representación genérica inspirada en el dios Itzamná por una narrativa con mayor arraigo. La investigación nos condujo a la imponente diosa Chak Chel (la deidad “O”), hallada en la página 74 del Códice de Dresde. Su nombre se traduce como “Gran Fin” o “Arcoíris Rojo”: manifestación de la sabiduría, la creación y el ocaso, la diosa que con un cántaro invertido derrama las aguas que cierran el ciclo del universo. El isotipo rinde homenaje a esa divinidad plasmando sus rasgos icónicos —el tocado de serpiente y las líneas del tiempo en su rostro.
El refinamiento llevó esa figura de las ilustraciones saturadas hacia un imagotipo limpio de línea continua, conceptual y reproducible a cualquier tamaño. El mismo principio guió el color: en lugar de imponer tonos ajenos, se rescató la paleta que el lugar ya usaba de manera empírica —el verde de las palmeras evolucionó a Verde Palmera, los marrones a Tierra Maya, y los contrastes de playa se refinaron en los azules Turquesa y Agua Clara sobre la calidez del Arena.
El resultado es un sistema de identidad completo y regulado, listo para vivir en cualquier punto de contacto:
#1b7d7e, Agua Clara #81ccc5, Arena natural #ecd9b8, Verde Palmera #70a364 y Tierra Maya #885c39.El Último Maya pasó de un símbolo dibujado a mano a una identidad visual sólida, premium y escalable, que preserva el alma del lugar pero la eleva al estándar que Tulum exige.
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